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El Yoga y los niños

 

 



 


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El Yoga y los niños

El yoga colabora en lograr una educación enfocada verdaderamente en el desarrollo integral.
 

En el contexto actual existe una verdadera necesidad por parte de los niños de tener una educación adaptada a sus necesidades y posibilidades, es decir, una educación enfocada verdaderamente a su desarrollo integral.

Esto es, justamente, lo que posibilita el yoga para niños. Ésta disciplina tiene como objetivo mejorar la calidad de las experiencias tempranas del niño y madurar su personalidad hasta un estado responsable que le permita actuar, pensar y sentir por sí mismo, capacitándole para poder hacer frente a las situaciones de la vida adversas a su desarrollo integral y armónico. Es por esto que dentro de una clase de yoga para niños, además de las posturas,  se trabaja la respiración y la relajación.


 

Existe la necesidad de una educación temprana y sistemática de la respiración, pues tiene una directa relación con aspectos como la percepción del cuerpo, la capacidad de atención e interiorización, el control muscular, el estrés y la ansiedad; y ante todo, como fundamento para mantener una buena salud física y mental.

En una clase de yoga para niños su aprendizaje debe hacerse progresivamente. Se empieza haciendo hincapié en la observación del proceso respiratorio y el descubrimiento de sus posibilidades (soplar, absorber, olisquear...). Para eso se utiliza toda clase de elementos que estimulen al niño hacia su práctica y al mismo tiempo la enriquezcan (globos, velas, pelotitas de papel, pelotas de ping-pong). Poco a poco se va progresando en el control de la entrada y salida del aire (rápido, lento, fuerte, suave) y en el aprendizaje de coordinar movimientos sencillos con la respiración.

Otro aspecto importante es la relajación. Ésta  le propicia al niño una distensión mental que le ayudará a desarrollar su capacidad de concentración, permitiéndole eliminar tensiones inútiles que le producen fatiga y cansancio. Mediante la relajación aprende a utilizar sus músculos voluntariamente reduciendo los movimientos parásitos que le impiden canalizar su energía creativamente. En el aspecto emocional, a través de la liberación de la ansiedad y preocupación excesivas, el niño permitirá, de una forma más fluida, la expresión de sus necesidades afectivas. Las prácticas de concentración son muy positivas para el desarrollo de la percepción, de la atención y de la memoria, al mismo tiempo que calman y equilibran la mente.

Los expertos coinciden que la mejor edad para que el niño se adentre en los ejercicios del yoga es a partir de los 4 años. A esa edad los pequeños ya saben perfectamente lo que se puede esperar y se quiere de ellos y ya tienen la capacidad de realizar y controlar ciertos movimientos del cuerpo.A esa edad, para los niños, la práctica del yoga es una actividad lúdica. No obstante, gracias al yoga consiguen olvidar las posibles situaciones de presión o estrés que aparezcan en el colegio o en casa y se relajan, adoptando una actitud tranquila, reduciendo tensiones y facilitando su concentración y autocontrol. Además favorece su potencial creativo y permite potenciar su talento.